
Buscan al quiltro del Bicentenario, pero ¿por qué mejor no fomentan la protección y tenencia responsable?
Hoy quiero hacer uso y abuso de este espacio para contarles la historia de Rococó, un quiltro juguetón y tiernucho que representa a esos perritos que de un dÃa para otro llegan a tu barrio y se quedan ahÃ, aguachados, con el cariño y la venia de los vecinos, que muchas veces pasan por alto lo mal que se portan…
Rococó era blanco con manchas negras, orejas largas y pelulas y ojos negrÃsimos. Siempre estaba echadito en el pasto, y cuando uno lo llamaba, cruzaba la calle corriendo destartalado, dando saltitos de felicidad. Él hizo de mi calle su hogar y del pasto que adorna la entrada de mi casa su cama. Pensé que todos lo querÃan, y no se me pasó por la mente que otras personas planeaban cómo deshacerse de él…
Hace una semana murió, en la casa de la señora Raquel, a quien no le importó gastarse lo que no tenÃa con tal de salvarlo. Pero no se pudo. Antes de que cayera enfermo, una perrita café que jugaba siempre con él apareció muerta una mañana, hecho que encendió las alarmas porque no era coincidencia que ambos estuvieran mal.
La calle quedó desierta y la Juanita, la última quilterry del sector, deambulaba extrañando a sus compañeros de juego. Ella tampoco se salvó. Ayer murió también, después de agonizar varios dÃas. ¿Qué pasó con nuestros queridos canes? Siempre sospeché que se trató de un envenenamiento masivo, pero me costaba creerlo, porque hace mucho tiempo que ellos estaban ahà y a nadie parecÃa molestarle.
Pero justamente el dÃa anterior a la muerte de la Juanita, supe que un caballero habÃa llamado a la municipalidad y a la Seremi de Salud para preguntar qué podÃa hacer con estas bestias que lo tenÃan hasta la coronilla. Su molestia era entendible, ya que un perro lo habÃa botado a la salida de un negocio. La respuesta que le dieron fue clara. La única solución era eliminarlos, porque no tenÃan dónde llevárselos.
Actualmente, asà solucionan este “problema” algunos municipios y las autoridades sanitarias. Los perros vagos son un cacho y no queda otra que borrarlos de la faz de la tierra con una caluguita de veneno, el que más encima les otorga una muerte lenta y dolorosa.
Cuando supe que el Rococó habÃa muerto lloré, y aunque para algunos sea ridÃculo, sentà pena por su partida, y decepción a la vez, pero no de los vecinos, sino de mÃ, que nunca hice nada por ayudarlo a buscar un hogar. Pensé que bastaba con regalarle un pancito o con la comida que le daban otros vecinos. Creà que con eso bastaba y que asà vivÃa seguro.
Recuerdo también los dÃas de lluvia cuando desde mi ventana lo miraba mojado y entumido y, ahora que veo a mis dos perros gordos y durmiendo calientitos en sus casas de madera, pienso en que no saco nada con entristecerme cuando veo a un perro guachito. Mi cómoda compasión no contribuye en nada a la solución del problema.
Se habla de la tenencia responsable de mascotas como clave para solucionar el tema de los animales vagos, y pienso que un buen punto de partida es hacernos cargo de nuestras propias mascotas, entendiendo que al momento de adquirlas nos comprometemos a su cuidado total e irrestricto.
Pero también podemos hacer algo en nuestros barrios, conversando con los vecinos para que entre todos se busque una solución menos cruel que el exterminio. Entiendo que hay mamás y papás que desean cuidar a sus hijos de un mordisco, y abuelitos que no tienen por qué accidentarse por la acción de un perro, pero el camino más fácil es hacer vista gorda y llamar a alguien para que se haga responsable del cacho.
Siempre trato de darles datos de utilidad, pero ahora, más que un consejo, quise contarles mi experiencia, para pedirles que cuiden a sus animales y que fomenten en su entorno cercano la tenencia responsable. Si les interesa conocer más sobre este tema, consulten el material preparado por los miembros de Conciencia Animal

Ojalá se legislara al respecto, el problema es que nadie quiere hacerse cargo ni mucho menos de la tenencia responsable.Condeno a las personas que vienen a botar perros , sin considerar el daño que estos pobres animalitos abandonados por sus dueños pueden hacer a terceros.Una lástima que ocurran estas situaciones.-